Metodología para evaluar la calidad de la formación del estudiante en la Escuela Latinoamericana de Medicina

ARTÍCULO ORIGINAL

 

Metodología para evaluar la calidad de la formación del estudiante en la Escuela Latinoamericana de Medicina

 

A methodology for evaluating the quality of student training in the Latin American School of Medicine

 

 

Judith Galarza López,I Heidi Soca González,II José Luis Almuiñas RiveroI

ICentro de Estudios para el Perfeccionamiento de la Educación Superior de la Universidad de La Habana. La Habana, Cuba.
IIMinisterio de Salud Pública. La Habana, Cuba.

 

 


RESUMEN

Introducción: las demandas crecientes del entorno generan cada día nuevos retos para las Instituciones de Educación Médica Superior, comprometen a las Instituciones de Educación Médicas Superior (IEMS) al cumplimiento de los parámetros mínimos de calidad en el proceso formativo de los estudiantes en aras de asegurar el ejercicio apropiado de la Medicina. De ahí la necesidad de implementar la evaluación del proceso de formación del estudiante como una vía que contribuya a elevar su calidad.
Objetivos: diseñar una metodología para evaluar la calidad de la formación del estudiante en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM).
Métodos: se utilizaron como métodos teóricos el análisis-síntesis, la inducción-deducción, el histórico-lógico, el enfoque sistémico y la modelación. Como métodos empíricos, el análisis documental y de contenido, la encuesta y la consulta a expertos.
Resultados: se diseñó una metodología sustentada en un conjunto de relaciones esenciales y principios, estructurada en un conjunto de fases interrelacionadas entre sí, formando una unidad orgánica, cuyos objetivos, contenido, acciones y resultados responden a las exigencias de la evaluación de la calidad de la formación del estudiante.
Conclusiones: el incremento de la calidad de la formación es vista como un desafío, una necesidad y un compromiso con el que se responsabilizan los estudiantes, los profesores, directivos de la ELAM. Se valoró como viable la propuesta metodológica diseñada, al ponerse de relieve la importancia de las diferentes fases que la integran, así como la relación entre el objetivo, el contenido, las acciones y los resultados contenidos en cada una de ellas.

Palabras clave: gestión; calidad; evaluación; metodología.


ABSTRACT

Introduction: The growing environmental demands generate new challenges for the institutions of higher medical education. They commit institutions of higher medical education to the fulfillment of the minimum parameters of quality in the training process of the students, in order to ensure the proper medical practice. Hence the need to implement the evaluation of the student training process as a way to help raise its quality.
Objective: To design a methodology for evaluating the quality of student training in the Latin American School of Medicine (ELAM).
Methods: Analysis-synthesis, induction-deduction, historical-logical, systemic approach and modeling were used as theoretical methods. As empirical methods, the documentary and content analysis, the survey and the consultation of experts were used.
Results: A methodology was designed based on a set of essential relationships and principles, structured in a set of interrelated phases, forming an organic unit, whose objectives, content, actions and results respond to the requirements of the evaluation of quality of the students' training.
Conclusions: The increased quality of training is perceived as a challenge, a necessity and a commitment with which the students, professors, and the ELAM directors are responsible. The methodological proposal designed was evaluated as viable, highlighting the importance of the different phases that comprise it, as well as the relationship between the objective, content, actions and results contained in each one of them.

Keywords: management; quality; evaluation; methodology.


 

 

INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas, la humanidad ha entrado en un proceso acelerado de profundas transformaciones que se manifiestan en diversas esferas del acontecer político, económico, social, científico-tecnológico y cultural. Se trata de una nueva época, donde la educación, el conocimiento y la información desempeñan un rol trascendental. Asimismo, los retos marcados por la globalización, el desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, los avances sin precedentes en las diversas ramas de la ciencia y la técnica, entre otros aspectos que, sumados a la realidad latinoamericana de creciente injusticia social, pobreza y desigualdad de oportunidades, repercuten también en la educación superior, reclaman de las universidades otra forma de concebir y de utilizar la producción del conocimiento científico, así como repensar de manera urgente la concepción de la formación de profesionales para asumir y superar las realidades sociales existentes.

Por ello, en la Conferencia Regional sobre la Educación Superior en América Latina y el Caribe, celebrada en Cartagena de Indias, Colombia en el 2008, se hizo un enfático llamado a considerar los planteamientos y las líneas de acción que se derivaron del debate sobre las prioridades que la educación superior debe asumir, sobre la base de una clara conciencia respecto a las posibilidades y aportes que esta reviste para el desarrollo de la región. En tal sentido, en dicha Conferencia, se señaló que: "los retos que han de enfrentar las Universidades son de tal magnitud que, de no ser atendidos de manera oportuna y con eficacia, ahondarán las diferencias, desigualdades y contradicciones que hoy impiden el crecimiento de América Latina y el Caribe con equidad, justicia, sustentabilidad y democracia para la mayoría de los países que la conforman. Si bien se ha avanzado hacia una sociedad que busca cambios y referentes democráticos y sustentables, aún faltan transformaciones profundas en los ejes que dinamizarán el desarrollo de la región, entre los cuales, una de las más importantes, es la educación y en particular la educación superior".1

Sobre este aspecto Díaz-Canel, en la conferencia inaugural del octavo Congreso Internacional de Educación Superior, Universidad 2012, planteó que "… las Instituciones de Educación Superior (IES) pueden contribuir de manera significativa a construir un mundo de mayor justicia y equidad social; un mundo con seguridad alimentaria y ambiental, en el cual los avances de la ciencia y la tecnología se pongan al servicio del desarrollo humano, en un clima de respeto a la diversidad y a la autodeterminación de cada pueblo, como única forma de garantizar una paz real y duradera para todos, y así poder transitar hacia la sostenibilidad".2 También Alarcón, exministro de Educación Superior de la República de Cuba, en el Congreso Internacional Pedagogía 2015, planteó que "….la educación se ha convertido en un elemento clave para la realización plena de los seres humanos, el desarrollo de los países y en el medio fundamental para propiciar la movilidad social".3

Es así que, en los últimos años, en forma creciente viene ganando relevancia en la educación superior el debate sobre los temas relacionados con la importancia del conocimiento, la calidad y la pertinencia, la responsabilidad social universitaria, la ética del conocimiento y la necesidad de nuevos paradigmas para comprender y asumir la complejidad de las problemáticas globales y locales en un contexto plagado de incertidumbres, lo cual Alarcón reafirma al expresar que: "tenemos que trabajar por una educación universal de calidad, creativa, liberadora, que desarrolle integralmente a los seres humanos, que sea científica, tecnológica y humanista".3

Por ello, las IES están llamadas a lograr niveles superiores de eficiencia y eficacia del sistema educativo. En este sentido, las modalidades de evaluación de la calidad constituyen una herramienta que coadyuva al logro de una mejora continua de los procesos y de las funciones universitarias.

También se reconoce que no es posible desarrollar todas las posibilidades de la educación, si existe una situación precaria en la salud y otras condiciones relacionadas con esta que impidan a los jóvenes tener un adecuado aprovechamiento académico. Por esta razón, América Latina tiene actualmente que dedicar grandes esfuerzos para enfrentar y revertir la difícil situación de salud que presenta, caracterizada por la desigualdad de oportunidades en la atención médica con un alto predominio de la medicina privada, elevadas tasas de morbilidad y mortalidad, alto número de niños desnutridos, hambrientos y enfermos; embarazadas y ancianos que no reciben atención médica, el incremento de las infecciones de transmisión sexual, así como la falta de medicamentos y los elevados índices de insalubridad.

Otros aspectos relevantes son el deterioro de los ya insuficientes servicios de salud con la correspondiente disminución de la accesibilidad a los mismos de grandes sectores de la población y el predominio de un modelo de atención centrado en el individuo, unido a la aplicación de tecnologías de alto costo sin una racionalidad básica que favorezca la utilización equitativa de los recursos existentes.

Para revertir esta difícil situación, las Instituciones de Educación Médica Superior (IEMS) en particular, deben asumir con gran responsabilidad la formación integral de profesionales altamente calificados, capaces de atender las necesidades de salud de la población, lo cual exige a su vez, garantías acerca de la capacidad y la confiabilidad de los médicos encargados de su cuidado. Estas demandas comprometen a las IEMS al cumplimiento de los parámetros mínimos de calidad en el proceso formativo de los estudiantes en aras de asegurar el ejercicio apropiado de la medicina. De ahí la necesidad de implementar la evaluación del proceso de formación profesional como un instrumento que contribuye a elevar los niveles de efectividad del mismo.

Al respecto, en la Conferencia Mundial de Educación Superior celebrada en París en el 2009 se planteó que "la reglamentación y los mecanismos de control de calidad deberán ponerse en marcha para todo el sector de la enseñanza superior, ya que promueven el acceso y crean las condiciones para la realización de los estudios".4

En Cuba, la Educación Médica Superior tiene como premisa fundamental egresar profesionales con un alto nivel de calidad. La Universidad Médica en Cuba, integrada al Sistema Nacional de Salud, ha contribuido significativamente a las grandes transformaciones del panorama sanitario acontecidas en el país en la etapa de la Revolución y se ha trabajado arduamente para cumplir con el encargo social de formar los profesionales que el pueblo necesita, mejorar los servicios de salud y contribuir a elevar la calidad de vida de la población.

Debido al desarrollo acelerado de la Universidad Médica cubana, actualmente hay más de 92 500 médicos, con una elevada preparación científico-técnica y con valores primordiales que son producto del progreso social alcanzado. En la Convención Internacional Cuba Salud 2015, el Dr. Morales, Ministro de Salud Pública de Cuba, expresaba que el sector de la salud cuenta con 500 mil 294 trabajadores que laboran en 451 policlínicos; 10 mil 741 consultorios; 1 215 servicios estomatológicos, con 5 mil 252 conjuntos dentales; 151 hospitales con 45 mil 462 camas; 138 hogares maternos con 3 mil 589 camas; 247 casas de abuelos; 143 hogares de ancianos con 13 mil 533 camas y 13 institutos de investigación.5

Además, señaló que "la planificación y formación de los recursos humanos se garantiza desde el propio Sistema Nacional de Salud, que cuenta con 13 universidades, dos facultades independientes, la Escuela Latinoamericana de Medicina y la Escuela Nacional de Salud Pública. El claustro profesoral está formado por más 36 mil 500 docentes".5

Asimismo, el programa de inmunización cubre 13 enfermedades, con la aplicación de 11 vacunas, ocho de producción nacional; se ha reducido significativamente la mortalidad materna e infantil, a cifras comparables con la de los países del primer mundo, e incrementado la esperanza de vida al nacer a 77,9 años. Se ha aplicado con una alta efectividad el Modelo del Médico de la Familia, lo que ha dado lugar a un sistema de salud sin precedentes y único en el mundo.

Sin embargo, los vertiginosos cambios realizados en las Ciencias de la Salud, en cuanto a sus contenidos y en su práctica en los últimos años, así como la mayor conciencia en la población de sus derechos, han provocado que la enseñanza de la Medicina se vea forzada, ética y formalmente, a dar cuentas a la sociedad de la pertinencia, la relevancia y la calidad de los programas con que se forman los profesionales para el ejercicio práctico de la misma.

Otro aspecto importante que ha caracterizado al sistema de salud cubano, ha sido la solidaridad y el internacionalismo. Al respecto, Morales expresó "desde los inicios de la colaboración hasta la fecha, se ha brindado ayuda en 158 países con la participación de más de 325 mil trabajadores de la salud que han desarrollado una abnegada y humana labor en los lugares más intrincados y en las más difíciles condiciones".5 También planteó que la formación de profesionales no solo ha sido para nuestro país, sino también para el mundo, la que ha constituido uno de los programas más humanos y solidarios, con la graduación de 39 mil médicos de 121 países, de ellos más de 24 mil 400 pertenecen a las 10 graduaciones de la Escuela Latinoamericana de Medicina, como un aporte a otros sistemas de salud para ampliar su cobertura.5

La Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), es una Institución de Educación Médica Superior, que surge en febrero de 1999, a partir de las ideas del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, la cual tiene la misión de formar médicos generales orientados a la Atención Primaria de Salud como escenario fundamental de su futura actuación profesional; con elevado rigor científico, ético, humanista y solidario, capaces de actuar en la solución de los problemas de salud de sus comunidades de origen y contribuir favorablemente en el desarrollo humano sostenible.

Es una institución joven, de 16 años de creada, con características diferentes al resto de las Instituciones de Educación Médica Superior del país, ya que dentro de las ciencias médicas solo se imparte la carrera de Medicina y de ella la formación básica que son los dos primeros años de la carrera que proporciona los fundamentos básicos, es decir, las bases cognoscitivas previas indispensables para asumir el aprendizaje de las disciplinas de aplicación directa a la práctica médica. También contribuyen a la formación intelectual de los estudiantes a través del desarrollo del pensamiento lógico y la rigurosidad y sistematización de los conocimientos. Tienen un papel y lugar muy importante para el aprendizaje de la clínica, además de hacer contribuciones a la integralidad de la personalidad profesional de los futuros egresados.

Otro de los aspectos que la diferencian de otras Instituciones de Educación Médica Superior está referido a las características de los estudiantes que ingresan a la misma, provenientes de diferentes latitudes del mundo, con hábitos, costumbres, idiosincrasia y religiones que profesan diferentes, lo cual complejiza el trabajo con los mismos. El claustro está constituido por profesores provenientes de diferentes Facultades de Ciencias Médicas de La Habana y de otras Instituciones de Educación Superior del país.

En la ELAM, desde su creación, se han realizado acciones encaminadas a consolidarse como una Universidad de excelencia. Pero para lograr este propósito ha sido y es necesario realizar transformaciones inherentes al perfeccionamiento continuo de las diferentes esferas de la vida universitaria. Por ejemplo, se necesita una mayor integración institucional, un aumento de la calidad y la pertinencia de los resultados en las funciones sustantivas, el fortalecimiento del trabajo en colectivo, el incremento de las investigaciones y trabajar en función de elevar desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo las ofertas a los profesionales en el posgrado, de manera que contribuya a la preparación científico-técnica del claustro y a alcanzar la deseada excelencia académica. Por ello, es importante también mejorar la gestión de sus procesos, siendo una alternativa factible para lograr este propósito, el desarrollo continuo de la evaluación institucional, como una de las vías que contribuye al análisis, la comprensión y transformación de la institución en busca de mayores niveles de calidad y pertinencia social de sus resultados.

El proceso de formación de los estudiantes en dicha institución ha de responder a grandes exigencias relacionadas con la calidad con que deben egresar los mismos. En este sentido, se han obtenido logros importantes como por ejemplo: resultados académicos satisfactorios; se ha fortalecido el trabajo educativo tanto en su dimensión curricular como extracurricular, así como el trabajo metodológico, entre otros aspectos. Sin embargo, también se presentan dificultades que limitan su desarrollo, tales como la no disponibilidad de determinadas pautas orientadoras que permitan la evaluación de este proceso de forma sistemática.

Por ello, el objetivo de la investigación desarrollada estuvo orientado a diseñar una metodología que sirva de sustento a la evaluación de la calidad de la formación del estudiante en dicha institución, como contribución al mejoramiento continuo que demanda dicho proceso en la ELAM.

 

MÉTODOS

Se realizó un estudio de tipo descriptivo-explicativo, y se acoge a los enfoques cuantitativo y cualitativo de investigación. Para su desarrollo se emplearon diferentes métodos teóricos como el histórico-lógico, utilizado en el análisis y comprensión de la investigación documental referida a la determinación de la evolución histórica y características principales del proceso de formación del estudiante de Medicina en Cuba. También se utilizó el análisis-síntesis que posibilitó la desagregación de los elementos que integran el proceso de evaluación institucional y su relación con los procesos universitarios para determinar sus particularidades, y a su vez integrarlos, lo que permitió descubrir las relaciones y características del mismo; el enfoque sistémico viabilizó el establecimiento de los componentes del modelo y sus interrelaciones, las que se expresan en las diferentes fases de la metodología; la inducción-deducción propició la sistematización de la información sobre las teorías de evaluación y la gestión universitaria, para la elaboración de los fundamentos teóricos de la metodología, así como la interpretación de los datos en el diagnóstico y la factibilidad práctica de la misma.

De manera específica, la modelación se convirtió en un método teórico de gran utilidad en la investigación, al permitir representar simbólicamente, con carácter teórico-abstracto el objeto de estudio analizado, diseñar la metodología, así como determinar sus componentes e interacciones.

Los métodos empíricos utilizados fueron el análisis documental, la encuesta y la consulta a expertos. El análisis documental, se centró en la revisión, sistematización y valoración de la literatura existente relacionada con el objeto de estudio. Además, se estudiaron documentos que destacan los resultados de investigaciones anteriores en este campo, artículos, ponencias, informaciones estadísticas del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), así como diferentes documentos de la ELAM donde se exponen resultados de los procesos de autoevaluación de la formación básica realizados previamente. Se revisaron además, otras fuentes provenientes de artículos, ponencias, tesis de maestría y de doctorado, entre otros referentes.

La encuesta diseñada se utilizó para caracterizar los procesos de autoevaluación realizados en la ELAM. Para ello se aplicaron cuestionarios a 40 directivos de la institución que representan el 64,5 % de los mismos, 185 profesores (53,6 %), 130 trabajadores no docentes (37,3 %) y a 846 estudiantes (30,2 %). En la selección de la muestra se utilizó el muestreo aleatorio simple.

La consulta a expertos tuvo como propósito la obtención, por vía directa, de información relevante, en torno a la fundamentación de la metodología propuesta, para lo cual se elaboró una encuesta que se operacionalizó mediante un cuestionario. Participaron en total 18 expertos. El procesamiento de la información derivada de los cuestionarios aplicados sobre los procesos de autoevaluación realizados y de la consulta a los expertos se realizó a través del programa Microsoft Office Excel 2010. Como método estadístico se utilizó la estadística descriptiva, y el análisis de los resultados se apoyó en la frecuencia. El procesamiento de la información cualitativa se realizó a través del análisis de contenido.

 

RESULTADOS

El contexto internacional actual plantea una situación muy diferente al de décadas anteriores, donde todos los países están sujetos a constantes tensiones y desafíos para lograr avanzar en su desarrollo económico y social. La inestabilidad e incertidumbre, y la presencia de una crisis estructural sistémica mundial de alta dimensión son rasgos predominantes en esta época. América Latina no es una excepción en este escenario.

Todavía sigue siendo una región dependiente y por tanto, a pesar de los avances logrados en los últimos años, aún no tiene una evolución económica autónoma y la distribución desigual del ingreso sigue siendo uno de los problemas más importantes a resolver, lo que tiene un peso considerable en el desarrollo en cada uno de los países que la integran.

Ante esta circunstancia el conocimiento adquiere un nuevo valor, convirtiéndose en la base de su crecimiento económico y del desarrollo social. Y precisamente en este contexto, la intervención urgente de la educación superior se convierte en una condición necesaria para alcanzar los niveles de sustentabilidad a que se aspira, y donde las presiones y los nuevos retos políticos, económicos y sociales demandan, entre otros, la elevación de la calidad de los resultados e impactos de los procesos universitarios.

Es así que, la educación superior latinoamericana actualmente, aún con muchos problemas visibles por resolver, tiene importantes retos que le obligan también a la realización de cambios estratégicos de gran envergadura en diferentes esferas de su actuación. Entre ellos, se señalan dos de extrema trascendencia institucional: el mejoramiento de la gestión universitaria y del proceso de formación de los profesionales. Sin lugar a duda, ambos estimulan la inquietud para mejorar la calidad en las Instituciones de Educación Superior.

El concepto de calidad es multidimensional, polisémico, y difícil de definir a criterio de varios autores (Tunnermann, 1996; UNESCO, 1998; Colectivo de autores CEPES, 2003; Espí y Lamaitre, 2012). Guevara y Cárdenas, plantean "la calidad como la correspondencia entre los resultados institucionales o de los programas académicos, que satisfacen las expectativas razonables de la sociedad en relación con los procesos que desarrollan las funciones sustantivas de docencia, investigación y extensión o proyección social".6

Asimismo, en los últimos años, diferentes instituciones universitarias latinoamericanas han trabajado en función de elevar la calidad en la formación y superación del capital humano. Este proceso ha estado vinculado directamente a los cambios políticos, económicos y sociales que se han generado en todo el orbe, donde el desarrollo social, de la ciencia, la técnica y la investigación, han obligado a aplicar, no en el discurso, sino en la práctica efectiva, los conceptos de eficiencia, calidad y exigencia en los procesos educativos que realizan las IES, cada vez más comprometidas con el cumplimiento de su responsabilidad social.

Al respecto Bilbao y Nieto expresan que: Los retos actuales de la educación superior plantean la necesidad de perfeccionar los principios de excelencia, calidad y pertinencia, y la integración de esta a la producción y los servicios. Se requiere una Universidad en la que predomine la creatividad y flexibilidad curricular, con un avance en la producción científica e intelectual, tanto en la creación de conocimientos como en la materialización de productos y servicios de calidad.7

En función de lo anterior, se debe otorgar una creciente importancia y necesidad al incremento de la calidad de la formación de los profesionales, a fin de mejorar la preparación del personal docente; innovar en la enseñanza, la organización y el contenido de los programas de estudio y de los métodos de evaluación del desempeño de los estudiantes; perfeccionar los exámenes y los procedimientos de selección e ingreso; establecer sistemas de acreditación y de evaluación del desempeño profesional, aumentar la productividad y la calidad de la superación posgraduada, así como el desarrollo de la extensión universitaria. De esta manera, se postula que la calidad en la educación es el resultado de las interrelaciones existentes entre todos los elementos del proceso educativo, y ha de ser considerada no como un fin, sino como un instrumento que permite el conocimiento de estas conexiones, de sus resultados y de sus impactos.

Para lograr el mejoramiento de la calidad, se debe introducir también la evaluación institucional en el quehacer habitual de las IES, ya sea mediante procesos de autorregulación, evaluaciones externas o ambos. El desarrollo y consolidación de los procesos de evaluación institucional, aunque es una tarea difícil y de gran magnitud, resulta una necesidad insoslayable en la actualidad.

En este ámbito, son múltiples las maneras de definir la evaluación. Todas ellas de una manera u otra tienen por centro la aprehensión multidimensional de la calidad. Es útil el modo en que Martínez traduce la evaluación de la calidad: "Es un proceso orientado a la toma de decisiones y a la acción, que busca determinar la pertinencia, la eficacia y el impacto del uso de recursos, actividades y resultados en función de objetivos pre-establecidos".8 También Simoneau, afirma que "evaluar la universidad quiere decir emitir un juicio de valor a propósito de la pertinencia y la razón de ser de sus objetivos, su grado de cumplimiento y la forma en que han sido alcanzados".9

Vidal considera que: La evaluación es un instrumento muy utilizado por grupos de personas, instituciones y organizaciones dedicadas a la formación de recursos humanos para tomar decisiones futuras. Por ello, la evaluación institucional constituye una función fundamental de la gestión universitaria en la educación superior que no solo pretende crear condiciones para lograr la calidad, sino también es un medio para generar acciones necesarias tendientes a la acreditación de la institución universitaria".10

En correspondencia con lo anterior, Palacios considera que "desde una perspectiva funcional, la evaluación educativa se convierte en un proceso reflexivo, sistemático, que orienta básicamente a la mejora de la calidad a través de las acciones realizadas por los sujetos".11

Sus principales factores de éxito están asociados a elementos tales como: la participación y el compromiso de los directivos y de los actores institucionales en su desarrollo; la disponibilidad de información suficiente, válida y confiable para la toma de decisiones; así como la implementación de estrategias para fomentar la cultura en torno a la calidad, que posibilite que cada uno de estos procesos que viva la institución, constituya un motor impulsor de futuros cambios orientados a la mejora continua.

Asimismo, como refieren Cárdenas y Barrero, comúnmente, "la evaluación institucional, transita en lo fundamental por tres etapas: autoevaluación, evaluación externa y divulgación de los resultados, por ende resulta estratégico y muy significativo reconocer el valor de la autoevaluación unido a la mejora y a la gestión, que por su carácter endógeno, permanente y continuo involucra a todos: directivos, trabajadores, docentes y estudiantes de la institución".12

En particular, la autoevaluación, se concibe como un proceso surgido de la necesidad de reflexionar desde el propio contexto, por parte de los agentes involucrados en él, sobre el valor y alcance de las actividades desarrolladas. Su propósito, como cualquier otra modalidad de evaluación, se orienta hacia la obtención de la información considerada más relevante en el interior de un proceso o de una situación cualquiera. Sin embargo, la autoevaluación supone una diferencia sustancial con otros modos de evaluar. Se trata de que tanto el proceso, la metodología aplicada, así como la información obtenida, a través de las distintas indagaciones respondan a las necesidades propias generadas de las exigencias del contexto externo e institucional.

Como expresan Borroto y Salas Parea: El proceso de autoevaluación, es fundamental e imprescindible para que las instituciones, carreras o programas puedan acceder al proceso de acreditación, ya que aporta información, juicios, criterios y procedimientos de cumplimiento de las normas establecidas a tales efectos, que no son más que la base necesaria para satisfacer los estándares de calidad y lograr el reconocimiento público. El incremento de la calidad de las carreras universitarias constituye una aspiración de desarrollo, tanto individual como colectivo, y es vista como un desafío, una necesidad y un compromiso con el que se responsabilizan los estudiantes, el personal docente, la carrera y la institución.13

En este caso, se reconoce la existencia de diversas experiencias en el diseño e implementación de dicho proceso. Algunas de ellas sugieren que se emplee la imaginación y la creatividad de forma tal que no se dependa de fríos cálculos. Existen también otros que le dan importancia a situaciones no previstas como las que se esperaban y se anticiparon. También hay consensos donde se prefiere que la evaluación sea realizada como una defensa o una confrontación. Otros defienden la evaluación participativa, donde los fines y los medios estén determinados por todos los involucrados en dicho proceso. Asimismo, se reconoce la necesidad de mejorar el marco jurídico y normativo, así como las inversiones e incentivos por los resultados que se alcanzan.

Sin embargo, también se reconoce la necesidad e importancia de disponer de metodologías bien estructuradas para llevar a cabo el proceso de autoevaluación en las IES, ya que en muchas ocasiones se constatan insuficiencias, tales como:

  • incipiente la cultura en torno a la calidad y a la evaluación en la comunidad universitaria;

  • no se define con claridad, ni se socializa suficientemente, la estrategia metodológica para desarrollar procesos de este tipo;

  • poca precisión en cuanto a los propósitos del proceso que se desea implementar;

  • insuficiencias en la conformación de los instrumentos de recolección de la información;

  • se utilizan muchos indicadores descriptivos que solo miden tenencia de documentos, pocos de resultados e impactos y desarticulación con el contenido de la Estrategia institucional;

  • no se diseñan e implementan adecuadamente sistemas de información y comunicación de apoyo al proceso;

  • insuficiente capacitación de los actores implicados y de los evaluadores;

  • evaluación concentrada en algunos actores institucionales;

  • tendencia a describir la situación existente y no a evaluarla, y

  • elaboración de planes de mejora poco fundamentados, con indicación de recomendaciones no viables.


Los elementos expuestos anteriormente constituyen un referente que refuerza la necesidad de diseñar metodologías, que sobre bases sólidas y científicas, permitan desarrollar procesos de evaluación de la formación de los profesionales y que contribuyan en su mejoramiento continuo.

En el contexto particular de la Escuela Latinoamericana de Medicina, los resultados del diagnóstico realizado pusieron en evidencia que, al no contar con una metodología para evaluar la formación básica del estudiante se identifican vacíos en el proceso de evaluación, tales como:

  • no se explicitan las relaciones esenciales que expresan la concepción teórica del proceso;

  • se percibe el proceso como un sistema cerrado, estático y poco asociado a la problemática del entorno;

  • no existe una agrupación de las variables en cuanto a dimensiones, en ocasiones con duplicidades en algunas de ellas, y en otros casos vacíos que limitan una visión general de la problemática a evaluar;

  • poco desarrollo de las acciones incluidas en cada una de las fases de la evaluación;

  • no se consideran algunas fases importantes que pueden potenciar la calidad de la evaluación;

  • no se argumenta el carácter flexible de la metodología y

  • poco desarrollo de las herramientas y técnicas a emplear en cada una de las fases.


Por ello, resulta necesario disponer de una metodología para evaluar sobre bases más sólidas y científicas, la calidad del proceso de formación del estudiante de Medicina en dicha institución, cuyas características generales se presentan a continuación.

El diseño de la metodología se logró a partir de la integración de un conjunto de fases que conforman un sistema lógico de acciones, métodos y técnicas para llevar a cabo el proceso evaluativo.

Las relaciones esenciales, sobre las cuales se sustenta la metodología propuesta quedaron expresadas de la siguiente manera:

a) Contexto-Evaluación de la calidad del proceso de formación básica del estudiante en la ELAM-Mejoramiento de la calidad en la formación básica en la institución.

b) Procesos estratégicos (Autoevaluación institucional)-Procesos fundamentales-Procesos de soporte.

c) Insumos-Proceso de formación básica del estudiante en la ELAM-Resultados e impactos.

d) Evaluación de la calidad del proceso de formación básica de estudiante en la ELAM-Plan de mejora (implementación)-Impacto de la mejora (Contexto).


En las relaciones esenciales presentadas anteriormente se evidencia que la metodología propuesta se sustenta en un modelo que concibe a la evaluación como un sistema abierto, en constante interacción con el contexto, lo cual influye en el dinamismo de todos sus componentes y donde se expresa la pertinencia social de los resultados del proceso estudiado en el marco de las relaciones Universidad-Sociedad.

Tiene como punto de partida la naturaleza de los insumos, los cuales se transforman a través de su desarrollo, dando lugar a determinados resultados que impactan en la satisfacción de las demandas del contexto externo y de la propia ELAM. Sobre esta base surge también la necesidad de introducir mejoras continuas en el proceso de formación del estudiante, cuyos resultados contribuyen en la solución de determinados problemas de los contextos, y de ahí surgen nuevos retos en esta esfera. Privilegia además, el sentido permanente de la evaluación, a través del seguimiento y la retroalimentación constantes que permitan la toma de decisiones correctivas en el momento oportuno y de forma proactiva.

Entre los principios que responden a la necesidad de evaluar el proceso de formación básica del estudiante en la ELAM se destacan: a) considerar las características y exigencias particulares de la ELAM; b) centrarse en el fomento de una cultura organizacional en torno a la calidad y considerar los referentes de calidad generales y específicos; c) asegurar el compromiso y la responsabilidad de toda la comunidad universitaria con la evaluación; concebir el proceso como un espacio de aprendizaje organizacional; d) requiere información útil y de un flujo de comunicación eficaz.

Las fases de la metodología diseñada son seis, a saber: (fig.)

· Fase I: Planificación y organización del proceso de evaluación.

· Fase II: Diagnóstico de la calidad del proceso de formación del estudiante.

· Fase III: Propuesta de mejora del proceso formativo.

· Fase IV: Metaevaluación del proceso de evaluación desarrollado.

· Fase V: Socialización de los resultados de la evaluación.

· Fase VI: Seguimiento y evaluación del impacto de las estrategias implementadas.


El desarrollo de estas fases no es rígido, sino que es flexible e implica un proceso participativo de construcción, reflexión y retroalimentación permanente, en el que los resultados intermedios constituyen soporte y punto de partida de las fases siguientes. A continuación se presentan las características principales de las referidas fases.


Fase I. Planificación y organización del proceso de evaluación

Para desarrollar la evaluación de la calidad del proceso de formación del estudiante es imprescindible la planificación y organización inicial de la misma, la cual deberá concebirse como elemento prioritario para garantizar el desarrollo exitoso de las siguientes fases. Cualquier omisión o insuficiencia que se produzca en ella incidirá negativamente en la calidad del proceso y por tanto, en sus resultados e impactos.

En esta fase es necesario involucrar a los directivos, los profesores, el personal administrativo y no docente, los estudiantes, los egresados, entre otros actores, a la preparación del proceso de evaluación, bajo el liderazgo de la alta dirección institucional.

Es necesario definir los objetivos, los contenidos, las acciones y la utilidad del proceso de evaluación, así como quiénes van a participar y las formas de intervención de los mismos. Se realiza además, el análisis de la metodología a emplear, lo que influye en el alcance y la direccionalidad del proceso evaluativo. También debe constituirse la comisión de calidad, que tiene la responsabilidad de conducir y controlar la marcha del proceso, así como definir las funciones y responsabilidades de cada uno de los implicados. Se determina el cronograma de trabajo y se establecen las estrategias de estimulación, motivación, capacitación, divulgación y comunicación.

También es importante determinar las fuentes de información y definir los métodos (encuestas, entrevistas, observación, grupos focales, análisis documental, etc.) y las técnicas a emplear para obtener la información necesaria en cada una de las siguientes fases. Resulta necesario asegurar los recursos económicos, materiales, financieros y tecnológicos para desarrollar el proceso.

Otro elemento a tener en cuenta, se relaciona con la elaboración del informe final y la divulgación de su contenido, además de controlar el proceso para comprobar si las expectativas creadas, los resultados esperados y sus impactos se están cumpliendo. Con relación a este último aspecto es muy importante en esta etapa tener prevista la selección e invitación a evaluadores externos para que participen en el proceso, estimando que, a partir de su experiencia, y con una óptica crítica desde una visión externa a la institución, puedan aportar en el diagnóstico de los aciertos y problemas y también en apoyar las posibles estrategias futuras de cambio que se estimen necesarias.


Fase II. Diagnóstico de la calidad del proceso de formación del estudiante

En esta fase se llevan a la práctica muchos de los aspectos que fueron abordados en la planificación y organización de la evaluación. Se caracteriza por la participación activa de los sujetos seleccionados para emitir sus criterios sobre la calidad el proceso de formación del estudiante. Permite, a través de la aplicación de los instrumentos, obtener una fotografía instantánea de la situación que presenta dicho proceso en la ELAM, la cual puede variar con el tiempo, de ahí su carácter temporal y dinámico.


Fase III. Propuesta de mejora del proceso formativo

Esta fase del proceso evaluativo se centra en la elaboración del plan de mejora dirigido a elevar la calidad del proceso de formación del estudiante. Los miembros de la comisión de calidad y otro personal designado, realizan el análisis de las áreas más importantes que deben ser mejoradas, es decir, aquellas en las que deben concentrarse los mayores esfuerzos para producir un cambio viable.

El plan de mejora es el documento que da origen a las estrategias, objetivos particulares y acciones concretas a realizar en un periodo de tiempo determinado. En dicho plan quedarán definidas las tareas, los responsables directos del cumplimiento de las mismas, así como el plazo de tiempo en que deberán ser cumplimentadas. Resulta conveniente tener en cuenta que la superación de determinadas debilidades requiere de un tiempo entre mediano y largo plazo para ser solucionadas y otras en cambio, son de corto plazo. Tampoco se puede perder de vista que, las fortalezas, aunque significan logros, también deben considerarse en el plan de mejora, para mantenerlas y consolidarlas. Su elaboración es una etapa esencial para el logro de la mejora continua, sin embargo generalmente es la etapa menos trabajada, ya que estos se realizan de forma mecánica, con escasa participación de los actores, poco espacio para la reflexión, y no se toma en cuenta la Estrategia institucional, por solo mencionar algunas deficiencias; todo lo cual advierte que su diseño sea sustentado teórica y metodológicamente sobre bases más sólidas y con rigor científico.


Fase IV: Meta-evaluación del proceso de evaluación desarrollado

La meta-evaluación tiene como fin valorar la calidad de la metodología empleada y el valor de las consecuencias de la aplicación de la misma. Su meta es averiguar hasta qué punto el proceso ha cumplido sus objetivos, entre otros aspectos y si los instrumentos utilizados fueron los adecuados. Una de las preocupaciones más importantes de la meta-evaluación es la comprobación del rigor que ha tenido la evaluación. No es un proceso exclusivamente técnico, tiene una dimensión sustancialmente ética.


Fase V. Socialización de los resultados de la evaluación

La socialización de los resultados del proceso desarrollado y de la metaevaluación en la comunidad universitaria resulta de gran importancia, y puede realizarse a través de diferentes vías. No es suficiente con elaborar el informe final y el plan de mejora, sino también se requiere divulgar y comunicar los resultados a los principales interesados, directivos, profesores, trabajadores no docentes, estudiantes y a otros destinatarios tan pronto como sea posible, y de manera que resulten fáciles de comprender y utilizar.


Fase VI. Seguimiento y evaluación del impacto de las estrategias implementadas

El seguimiento y la evaluación del impacto de las estrategias implementadas constituyen la última fase de la metodología. En esta se controla el cumplimiento de las acciones correctivas correspondientes para contrarrestar el efecto de las debilidades y cómo se están potenciando las fortalezas detectadas. Esto debe realizarse cíclicamente, con vistas a permitir lograr el camino hacia la excelencia.

Es necesario destacar, que no basta con la divulgación de los resultados de la evaluación, ni tampoco con disponer de las estrategias diseñadas, también hay que implementarlas y controlarlas, para que realmente se puedan alcanzar los objetivos deseados. Por tanto, se debe realizar un seguimiento continuo de las mismas en los niveles de dirección que corresponda, de manera que la evaluación de su impacto permita dimensionar el alcance y la significación de las mismas en el mejoramiento del proceso de formación del estudiante.

 

DISCUSIÓN

Los resultados de la investigación realizada ponen de relieve determinadas contribuciones a las Ciencias de la Educación, lo cual puede analizarse desde dos ángulos, uno desde lo que le aporta la investigación sobre el tema objeto de estudio a las Ciencias de la Educación y otro, desde lo que esta última contribuye al trabajo realizado en la esfera de la evaluación institucional.

Como se conoce, las ciencias de la educación son todas aquellas que aportan en teoría y práctica al proceso formativo desde su objeto de estudio. Constituyen un conjunto de disciplinas que estudian, describen, analizan y explican los distintos aspectos de la educación en sociedades y culturas determinadas. Por su parte, la educación es un proceso social complejo, multifactorial y multidimensional históricamente determinado sobre la base de una concepción pedagógica concreta que tiene como objetivo más general y amplio la formación multilateral del sujeto para su integración y desarrollo de la sociedad en que vive, a lo largo de toda su vida; es un fenómeno consciente y objetivo. Sin embargo, dicho proceso debe ser gestionado y eficientemente evaluado, y para ello la evaluación es un elemento esencial que requiere ser bien fundamentada teórica y metodológicamente, lo cual es válido para la educación superior al ser esta parte del sistema educativo. Es por ello que, al ser los procesos de evaluación institucional y acreditación en la educación superior parte de la filosofía de dirección que se está generalizando cada día más en el contexto universitario cubano, los estudios e investigaciones que propicien su perfeccionamiento constituyen contribuciones importantes en la esfera de la gestión universitaria. Por tanto, la metodología propuesta se convierte en una construcción que permite interpretar, reproducir y diseñar simplificadamente el proceso de autoevaluación institucional en las IEMS para responder a las demandas institucionales y del entorno.

Por otra parte, el campo disciplinar de las Ciencias de la Educación se ha constituido a partir de la intersección de un conjunto de diversas disciplinas: la filosofía, la psicología, la sociología, la historia, entre otras; que abordan desde su especificidad el objeto "educación". Los diferentes aspectos de la educación en sociedades y culturas determinadas, son estudiados por estas ciencias, efectuando análisis interdisciplinarios o transdisciplinarios para alcanzar una comprensión y explicación de los procesos educativos.

En la metodología propuesta se expresa su relación con diferentes ramas de las Ciencias de la Educación, como la Filosofía de la Educación que estudia las leyes, las situaciones y los fenómenos del mundo, del hombre, de la sociedad y de la cultura en relación con el proceso de la formación humana a partir de las posiciones filosóficas; la Sociología de la Educación que se encarga del estudio de las relaciones entre educación y sociedad, ocupándose por tanto del origen social de la educación, de sus manifestaciones y contenidos, sus instituciones y condicionamientos, sus repercusiones, funciones y objetivos, sus posibilidades y los agentes sociales que en ella participan; la Psicología de la Educación que se centra en las leyes del psiquismo humano que rigen en el proceso de educación, educación en un sentido amplio, (educación en tanto formación de valores, convicciones, intereses; y aprendizaje en tanto construcción del conocimiento) y la Pedagogía que es una ciencia de carácter psicosocial cuyo objeto de estudio es el proceso de formación; es un conjunto de saberes que se encarga de la educación como fenómeno típicamente social y específicamente humano.

A partir de los elementos planteados anteriormente puede considerarse que en la metodología diseñada se expresan, entre otras, las perspectivas siguientes:

a) Desde el punto de vista filosófico se adscribe al enfoque dialéctico-materialista e histórico, en tanto parte de la realidad contradictoria del mundo globalizado actual, de sus características, retos y exigencias principales y sus impactos en el objeto de estudio. Se pasa de lo general a lo particular (sociedad, desarrollo, educación, gestión, gestión estratégica) y de ahí a lo singular (la evaluación institucional), que se apoya en dos categorías imprescindibles e inherentes al proceso mismo, como son el análisis y la síntesis lo que posibilitó la desagregación de los elementos que integran este proceso de evaluación y su relación con otros procesos universitarios para determinar sus particularidades, integrarlos, y de esta manera revelar las relaciones y características del mismo, sin las cuales sería imposible lograr su aplicación efectiva.

Estas categorías deben considerarse y tenerse presentes en el proceso de evaluación institucional. Debido a que en ocasiones se aprecia dicho proceso solo como análisis, que no logra recoger la síntesis del pensamiento estratégico de la organización. Si no es así, no es evaluación institucional. Por tanto, esta posición queda explícita en las relaciones esenciales que sustentan la metodología, es decir, considera el tránsito del análisis a la síntesis integrada, como ejes prioritarios del pensamiento estratégico integrado de su alta dirección.

El análisis de la evaluación institucional como objeto de investigación también incluye su evolución y desarrollo, por tanto se acoge a los postulados del materialismo histórico, en su unidad de lo lógico y lo histórico, ya que se hace un recorrido sintético del contexto, del proceso de formación del estudiante de Medicina en Cuba y de la evaluación institucional en las IEMS. Dicha evolución histórica se da en su interrelación lógica, dependiendo uno del otro.

Otras de las categorías filosóficas presentes son la inducción y la deducción, las que propiciaron la sistematización de la información sobre las teorías de evaluación y la gestión universitaria, para la elaboración de los fundamentos teóricos de la metodología, así como la interpretación de los datos obtenidos en el diagnóstico y la factibilidad práctica del mismo.

La metodología propuesta se adhiere a las categorías filosóficas de lo cuantitativo y cualitativo y su interrelación para resolver determinados problemas.

b) La perspectiva sociológica se observa en la metodología, al ser una exigencia el manejo adecuado del aspecto humano, materializado en la participación, la motivación, la implicación y el desempeño de los implicados en el proceso, no como medio, sino como fin en sí mismo para mejorar la calidad del proceso de formación del estudiante.

c) Desde el punto de vista de la perspectiva psicopedagógica se puede plantear que la evaluación institucional es un proceso de aprendizaje tanto individual como colectivo y organizacional, ya que durante el mismo se aportan conocimientos, información, técnicas y experiencias que se socializan y aplican; se aprende de los errores y de las buenas prácticas, así como se necesitan acciones capacitadoras antes y durante el proceso para los implicados. También se requieren habilidades directivas para liderar y ejecutarlo, lo cual contribuye al mejor desempeño y realización personal de los participantes y en su motivación, constituyendo un complemento para su actividad laboral. Por tanto, se establece la interrelación entre la categoría formación (educación) y desarrollo para el desempeño de los directivos (gestión).


Estas perspectivas aplicadas conscientemente nos permiten concebir, dirigir y aplicar de manera científica y objetiva el proceso de evaluación institucional, haciéndola mucho más estructurada y lógica en sus dimensiones dialécticas.

El proceso de validación de la metodología propuesta, se realizó mediante el método de evaluación por criterios de expertos, la cual arrojó una valoración favorable sobre, la importancia de las diferentes fases que la integran, así como la relación entre el objetivo, el contenido, las acciones y los resultados de cada una de ellas.

La metodología diseñada tiene en cuenta los aciertos y logros principales derivados de las experiencias de evaluación anteriores desarrolladas en la ELAM, y contribuye también a llenar vacíos importantes en el campo teórico y metodológico de la evaluación de la formación del estudiante, la cual se puede llevar a cabo en otras IEMS. Asume determinados presupuestos teóricos fundamentados en la evaluación institucional, la acreditación y el proceso de formación del estudiante. Concede un tratamiento especial al contexto interno y externo, así como a los insumos, resultados e impactos derivados del proceso evaluado. Demuestra el rol esencial que desempeña el factor humano, es decir, las personas implicadas en la planificación, organización, ejecución y control del mismo.

Asimismo, a través su descripción, se refuerza la idea de que resulta necesario planificar y organizar adecuadamente el proceso de evaluación antes de implementarlo y además, deben dedicarse esfuerzos a las restantes fases, y muy especialmente, la evaluación sistemática del cumplimiento de las estrategias formuladas para promover el cambio deseado y retroalimentar el curso de las acciones orientadas al mejoramiento paulatino del proceso estudiado.

Para su aplicación debe ser previamente contextualizada a las condiciones concretas y exigencias particulares de cada Universidad donde se aplique. Sin embargo, cabe señalar, que esta no es la única vía posible, ya que pueden encontrarse otras alternativas y variantes para satisfacer igualmente los propósitos planteados.


CONFLICTO DE INTERESES

Los autores declaran no tener conflictos de intereses.

 

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Recibido: 18 de enero de 2017.
Aprobado: 11 de febrero de 2017.

 

 

Judith Galarza López. Centro de Estudios para el Perfeccionamiento de la Educación Superior. Universidad de La Habana. La Habana, Cuba. Correo electrónico: judith@cepes.uh.cu