Necesidad de una mirada diferente a la formación doctoral en las universidades médicas cubanas

ARTÍCULO DE POSICIÓN

 

Necesidad de una mirada diferente a la formación doctoral en las universidades médicas cubanas

 

Need for a different approach to doctoral formation in the Cuban medical universities

 

 

Oscar Cañizares Luna, Nélida Sarasa Muñoz

Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara. Santa Clara, Villa Clara, Cuba.

 

 


RESUMEN

La proporción de docentes con grado científico en los claustros universitarios constituye un fuerte indicador de calidad de estas instituciones; en las universidades de Ciencias Médicas constituyen también un indicador de calidad del sistema de salud. Con el objetivo de estimular la reflexión sobre el rol de la formación doctoral como expresión de calidad de las universidades de ciencias médicas, se realizó análisis bibliográfico y documental, así como entrevistas a doctorandos, profesores y directivos. Se obtuvieron valoraciones que sustentan la necesidad de remodelar la percepción de las universidades médicas sobre la formación doctoral como parte de la formación académica de los profesionales de la salud. Se concluye que el reto que asume el sistema nacional de salud y sus universidades de ciencias médicas radica en modificar de manera cualitativa los procesos de formación doctoral, que traerán como resultado incremento de las cantidades y mejor aun, incremento de la calidad institucional.

Palabras clave: calidad universitaria; acreditación institucional; Universidades de Ciencias Médicas; formación doctoral; Sistema Nacional de Salud.


ABSTRACT

The share of docents with a scientific degree in the university teaching staffs constitutes a strong indicator of these institutions high quality; in the medical sciences universities they also constitute an indicator of the health system high quality. With the aim at stimulating reflecting about the role of doctoral formation as an expression of the high quality of the medical sciences universities, a documental and bibliographic analysis was carried out, together with interviews to doctor's degree aspirants, professors and directives. We obtained evaluations that support the need for renew the medical universities perception about doctoral formation as part of the health professional academic training. We concluded that the challenge assumed by the national health system and the medical sciences universities is to qualitatively modify the doctoral formation processed, which shall result in the increase in quantities and, even better, the institutions quality.

Key words: university quality; institution accreditation; Medical Sciences Universities; doctoral formation; National Health System.


 

 

INTRODUCCIÓN

El concepto de calidad, surgido en el ámbito de la producción y la gestión empresarial con el propósito del lograr metas superiores con los recursos imprescindibles, llegó a la educación y en particular a la educación superior como imperativo de respuesta ante una diversidad de fenómenos de distinta naturaleza, que impactan en el desarrollo de las universidades como instituciones sociales.1

La calidad de la educación superior es un concepto pluridimensional que comprende distintas funciones y actividades: enseñanza y programas académicos, investigación y becas, personal, estudiantes, edificios e instalaciones, equipamientos y servicios a la comunidad y al mundo universitario; sin desestimar las particularidades de los contextos institucional, regional, nacional e internacional.1

Es conocido que la calidad de las instituciones de educación superior es evaluada mediante procesos de evaluación externa a partir de un patrón de calidad establecido y un conjunto de variables, coincidentes o no según los distintos países; entre las que se destaca la variable Profesor, por su trascendencia y por el nivel de exigencia de sus indicadores específicos; entre los que se encuentra la obtención de grados científicos.1-3

En Cuba los análisis de calidad de la educación tienen sus antecedentes históricos más profundos en los pronunciamientos de Fidel Castro Ruz4 en su alegato "La historia me absolverá", al analizar la situación de la educación cubana en los años 50; lográndose a partir del triunfo revolucionario de 1959 un conjunto significativo de decisiones políticas que condujeron progresivamente a cambios en la calidad del sistema educacional, sustentados en la justicia social y el compromiso con el desarrollo socioeconómico y cultural del país.

En particular la calidad de la educación superior ha sido objeto de atención desde los primeros momentos, al ser el subsistema educativo donde se forman los profesionales de más alta calificación y al que se asegura además su desarrollo y perfeccionamiento continuo como capital humano; con evidencias históricas documentadas como la Reforma Universitaria de 1962, las Tesis y Resoluciones del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba en 1975, los Decretos sobre el Sistema de Formación de Grados Científicos en la República de Cuba y los Reglamentos de Posgrado de los años 1996 y 2004.5-9

Ha sido el desarrollo alcanzado, lo que ha permitido asumir en la educación superior cubana, el concepto de calidad como resultado de la conjunción de la excelencia académica y la pertinencia integral. 10 Visión esta que encierra un compromiso profesional y ético individual, institucional y social en el que se sintetiza una regularidad entre la universidad como institución social, la ciencia como forma de la conciencia social y la sociedad como un todo.

En consecuencia el Ministerio de Educación Superior cubano constituyó en 1999 el Sistema Universitario de Programas de Acreditación (SUPRA) para asegurar, desde una organización estratégica, el incremento continuo de la calidad en la educación superior en el país.11

Las actuales universidades de Ciencias Médicas se han incorporado de manera progresiva, con resultados satisfactorios, a los procesos de acreditación de carreras, maestrías e institucionales; a la vez que se preparan para la acreditación de especialidades médicas e instituciones de salud. Una debilidad relevante identificada en estos procesos está relacionada precisamente con la proporción de profesionales con grado científico existente y los ritmos de crecimiento; realidad que contrasta con el protagonismo que tuvieron las ciencias médicas en los años 70s con cifras significativas de profesionales con grado científico.12 Con el devenir del tiempo, no sólo no se observa ese liderazgo, sino más bien se aprecia un enlentecimiento de los procesos de formación doctoral; situación que ha motivado como objetivo del presente trabajo: estimular la reflexión sectorial e institucional sobre el proceso de formación doctoral como expresión de calidad de las universidades de ciencias médicas.

 

DESARROLLO

¿Por qué las universidades de Ciencias Médicas cubanas actuales tienen índices de formación doctoral inferiores a lo esperado para elevar la calidad institucional y resolver apremiantes problemas de salud?

Decía Martí que… "la fuente más creíble de verdad es nuestro propio examen".

Los autores de este trabajo, conscientes de la complejidad de la repuesta a la interrogante anterior, sólo proponen una aproximación que pueda ser enriquecida con la reflexión y el intercambio de la comunidad científica nacional, apoyados en las oportunidades que ofrece el análisis como proceso para la profundización del conocimiento. La respuesta no será lineal ni directa; más bien surgirá de la integración de múltiples respuestas a otras interrogantes que aparecerán en las páginas siguientes.

A primera vista puede pensarse en circunstancias objetivas que enfrentan los profesionales de la salud, como la duración de las carreras, en particular la de medicina, procedencia mayoritaria de los profesionales que se analizan; las particularidades del servicio social, la doble especialización médica como parte del desarrollo profesional, las necesidades nacionales de cobertura médica, las misiones médicas como parte de compromisos con el exterior, las necesidades económicas individuales y los límites que impone a la mujer la maternidad, entre tantas. Estas realidades de fuerza mayor explicarían en parte que los profesionales de la salud se enfrentan a la posibilidad real de realizar un doctorado cuando están más cerca de los 40 años que de los 30, cuando en realidad debía ser a la inversa, para beneficio de todos. Pero ¿qué sucede cuando esa oportunidad se hace real ya alrededor de los 40? Aparecen entonces otros argumentos, en esencia subjetivos, que actúan como barreras y que también merecen un análisis. Veamos los más relevantes.

¿Se ha desarrollado lo suficiente durante el pregrado el pensamiento científico de los educandos como para atesorar inquietudes intelectuales en la vida profesional que promuevan tempranamente un proceso de formación doctoral?

Somos testigos activos de un proceso de enseñanza aprendizaje con múltiples atributos positivos, pero que aun no rebasa lo tradicional y que a pesar de los esfuerzos que se hacen por superar lo reproductivo; no puede evitar que los profesionales se formen a partir del modelo que representan sus profesores de la atención médica como profesionales y no como investigadores que ejercen de forma sistemática el método científico en la búsqueda de nuevos conocimientos. Todavía nuestros métodos de enseñanza no imitan lo suficiente a los métodos de la ciencia y se pierden entonces oportunidades de estimular en los educandos la curiosidad, la creatividad, la imaginación y el cuestionamiento crítico del conocimiento existente; condición necesaria para que se desarrolle en ellos el pensamiento científico y en consecuencia, la existencia de necesidades intelectuales que promueven la investigación científica.

Se trata de un asunto complejo que no se resuelve de un día para otro, pues no se trata sólo de encontrar al profesional motivado, condición imprescindible; más bien se trata de identificar profesionales cuyo pensamiento científico le permita, con la ayuda de un tutor competente, asumir los retos intelectuales que encierra un proceso de formación doctoral. No debemos confundir el desarrollo del pensamiento médico necesario para el desempeño profesional diario, que sin dudas tienen nuestros profesionales, con el desarrollo del pensamiento científico para enfrentar con independencia procesos investigativos sobre problemáticas complejas. En opinión de los autores, aquí hay una primera barrera.

¿Cuál es la prioridad real del sistema nacional de salud para la formación doctoral en edades tempranas de los profesionales con potencialidades?

Al igual que en las demás universidades cubanas, en las instituciones de educación médica superior se realizan valoraciones desde el pregrado de las potencialidades y cualidades integrales demostradas por los estudiantes, a partir de su participación sistemática en actividades sociopolíticas, docentes e investigativas; proceso que cristaliza en la incorporación de muchos de ellos al Movimiento de Vanguardia "Mario Muñoz Monroy", valiosa cantera para la formación doctoral. Sólo que después en la práctica no se prioriza en ellos el desarrollo científico sino más bien el otorgamiento de Residencias médicas, el cumplimiento de misiones nacionales e internacionales y otras, con muy poco énfasis en la formación doctoral; a pesar de estar declarado en los documentos oficiales de este Movimiento que las Direcciones Municipales y Provinciales de Salud son responsables de establecer la estrategia de desarrollo profesional y científico técnico. Además de establecer las prioridades para la obtención de Grado Científico; a través del Plan de Desarrollo Individual, previa identificación de los problemas susceptibles de investigación, acorde a las necesidades y prioridades del Sistema de Salud en cada territorio.13

En realidad pudieran hacerse propuestas bien argumentadas desde las sectoriales municipales y provinciales de salud para fortalecer la formación doctoral en los territorios mediante programas doctorales, figura aun poco utilizada en nuestras instituciones, que respondan a problemáticas de salud identificadas; a partir de los cuales se obtenga una autorización comprometida del nivel central, evitándose el riesgo de pensar más en lo que se pierde como fuerza de trabajo que en lo que se pudiera ganar en el desarrollo del capital humano de la salud pública. En realidad se trata de una inversión y no de una pérdida; en la que son las prioridades gerenciales las que determinan.

Por otra parte, existen también aspectos de carácter motivacional en los profesionales jóvenes, a veces por razones materiales y económicas personales y otras por la propia imagen que proyecta el sistema de salud en cuanto al reconocimiento institucional y social y la estimulación moral y material del profesional con grado científico.

¿Cuánto cultivan las universidades médicas cubanas el conocimiento que atesoran sus doctores en ciencias como patrimonio intangible?

En opinión de los autores se necesita una visión más orgánica que permita integrar la formación doctoral, la superación posdoctoral, el desempeño en procesos investigativos de alta complejidad, la formación de otros profesionales, las asesorías en procesos sustantivos de la universidad; todo unido a la necesaria atención diferenciada a estos profesionales en el ámbito institucional y social, tal y como aparece en los propios sustentos del Reglamento de Postgrado en Cuba.8,9

Sería cuestionable utilizar este recurso en labores de menor calificación e impropio someterlos a las fórmulas del igualitarismo simplificador que tanto mutila la inteligencia y la creatividad.

La mejor forma de reconocimiento moral institucional al profesional con grado científico es asegurarle un desempeño profesional a la altura de la preparación científica y la práctica del debido respeto al conocimiento que atesora.

¿Es la formación doctoral una cuestión personal o institucional?

Ningún país pudiera sostener procesos de formación doctoral cuyo objetivo principal fuera satisfacer necesidades e intereses personales que aseguren promociones a mejores puestos de trabajo y cambios salariales, sin pensar en los beneficios institucionales y sociales de tales procesos; menos aún en Cuba por la propia naturaleza de su proyecto social.

Hay que superar la visión estrecha de la formación doctoral como una cuestión individual, porque si bien es cierto que hay un nivel de realización personal importante, también debe haber, y más aun, realización institucional y social; el acompañamiento y el apoyo a estos procesos debe pasar del discurso formal a los hechos.

¿Se trata de hacer doctores o de formar investigadores?

Pareciera que es lo mismo, pero son posicionamientos diferentes. Se trata de un proceso en el que el doctorando aprende haciendo, a la vez madura como investigador y como científico, es un proceso complejo que tiene sus propias regularidades internas sujetas a condiciones objetivas y subjetivas de la persona y de su entorno, que aunque pueden catalizarse desde el punto de vista gerencial, no se debe correr el riesgo de una manipulación externa que pudiera conducir a "hacer muchos doctores", pero formar pocos investigadores con las competencias requeridas. Tiene que haber entusiasmo como expresión de una actitud proactiva de los profesionales, de los directivos y de propia política del país, pero este no deberá afectar nunca la calidad de la formación científico investigativa. No debe ser la formación doctoral un fin en sí mismo para exhibir números y por cientos; estos son sólo indicadores de potencialidad para la producción de nuevos conocimientos, con los que se contribuya a la solución científica de los problemas de salud y al desarrollo de las ciencias médicas; ahí estaría una parte importante del auténtico prestigio académico de las instituciones universitarias del sistema nacional de salud al que debemos aspirar.

Se requiere un compromiso compartido: doctorando/institución/sistema de salud en el que las partes estén igualmente interesadas en el logro de un objetivo común: la obtención de un profesional con grado científico sustentada en una fuerte formación como investigador.

La Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara, insertada en este contexto general, cuenta con un desarrollo histórico de tendencia positiva en la formación doctoral en sentido general, con estancamientos transitorios y aceleraciones esperanzadoras en los últimos 12 años a partir de su condición de Institución Autorizada para la formación doctoral en Ciencias Médicas en las áreas de las Ciencias Clínicas, Ciencias Quirúrgicas, Medios Diagnósticos y en Ciencias Básicas Biomédicas; bajo la conducción de una Comisión de Grados Científicos que atiende este proceso en la región central del país.14 No obstante, son numerosas las insatisfacciones internas y externas con las cantidades y los ritmos de crecimiento en la formación doctoral. Con un incremento promedio actual de 5 doctores por año, las cifras totales no aumentan de manera proporcional por razones externas asociadas a traslados a otras instituciones o provincias, jubilación, fallecimientos y salidas del país; situación que en los próximos años pudiera hacerse más intensa.

Esta realidad ha impactado de forma negativa en los procesos de evaluación y acreditación institucional y de carreras realizados en los últimos años en esta universidad; sin desestimar que pudiera tener repercusiones negativas también a mediano y largo plazo en la búsqueda de soluciones a los principales problemas de salud en el territorio. En opinión de los autores, sólo un reordenamiento radical en las prioridades pudiera desencadenar los cambios deseados.

 

CONSIDERACIONES FINALES

El reto que asume el sistema nacional de salud y sus universidades de Ciencias Médicas no radicaría en convocar de inmediato al incremento de las cifras de profesionales con grado científico, sino a modificar las percepciones, concepciones y procedimientos utilizados hasta el presente, en aras de modificar desde el punto de vista cualitativo los procesos de formación que traerán como resultado no sólo ese esperado incremento de las cantidades, sino mejor aun, el incremento de la calidad institucional.

 

Declaración de Conflicto de Intereses

Los autores declaran que no existen conflictos de intereses.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. González González J, Santamaría Ambriz R. Calidad y acreditación en la educación superior: integración e internacionalización de América Latina y el Caribe. Educación. 2013 [citado 4 dic 2015];22(43):[aprox. 3 p.]. Disponible en: http://www.revistas.pucp.edu.pe/index.php/educacion/article/view/750

2. Consejo Nacional de Evaluación y de la Educación Superior del Ecuador. La calidad en la Universidad Ecuatoriana. Principios, características y estándares de calidad. [Internet]. Quito: UNESCO; 2003 [citado 4 dic. 2015]. Disponible en: http://www.unemi.edu.ec/dei/documentos/Sistema%20Nacional%20de%20Acreditacion%20de%20la%20Educacion%20Superior.pdf

3. Águila Cabrera V. El concepto calidad en la educación universitaria: clave para el logro de la competitividad institucional. Rev Iberoam Educ. 2004 [citado 4 dic. 2015] ISSN: 1681-5653[aprox. 3 p.]. Disponible en: http://ladecanjose.mex.tl/imagesnew/7/4/6/3/6/COMPETITITVIDAD%20INSTITUTIONAL.pdf

4. Castro Ruz F. La Historia me absolverá. [Internet]. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales. 2007 [citado 4 dic. 2015]. Disponible en: http://www.cubadebate.cu/wp-content/ uploads/ 2009/05/la-historia-me-absolvera-fidel-castro.pdf

5. Delgado Correa W. La reforma universitaria de 1962 en Cuba y su carácter fundacional en Ciencias Médicas. Medisan. 2012 [citado 4 dic. 2015];16(4):[aprox. 3 p.]. Disponible en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1029-30192012000400019

6. PCC. Tesis y Resoluciones del Primer Congreso de PCC. La Habana: Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del PCC; 1976.

7. Castro Ruz F. Decreto- Ley 133 de 8 de mayo de 1992 sobre el sistema de formación doctoral; 1992.

8. Ministerio de Educación Superior. Resolución No. 6/1996 Reglamento de la Educación de Posgrado de la República de Cuba. MES; 1996.

9. Ministerio de Educación Superior. Resolución No. 132/2004 Reglamento de la Educación de Posgrado de la República de Cuba. MES; 2004.

10. Horruitiner Silva P. El modelo de acreditación de carreras de la educación superior cubana. Rev Educ Sup. 2007 [citado 4 dic 2015];36(4):[aprox.3p.]. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=60414408.

11. Ministerio de Educación Superior. Resolución Ministerial 150/1999 para la oficialización de la creación del Sistema Universitario de Programas de Acreditación (SUPRA). MES; 1999.

12. Castro Lamas J. Digital observatory for higher education in Latin America and the Caribbean. Diagnóstico y Perspectiva de los Estudios de Postgrado en Cuba. [Internet]. La Habana: UNESCO. 2004 [citado 4 dic. 2015]. Disponible en: www.iesalc.unesco.org.ve

13. Balaguer Cabrera JR. Resolución Ministerial No. 376 Resolución sobre Movimiento de Vanguardia "Mario Muñoz Monroy". MINSAP; 2007.

14. Ruiz Hernández JR. Comisión Territorial de Grados Científicos su contribución al desarrollo doctoral en la provincia Villa Clara. EDUMECENTRO. 2015 [citado 4 dic. 2015];7(3):[aprox. 3 p.]. Disponible en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2077-28742015000300001.

 

 

Recibido: 10 de diciembre de 2015.
Aprobado: 16 de febrero de 2016.

 

 

Oscar Cañizares Luna. Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara. Santa Clara, Villa Clara, Cuba.
Correo electrónico: oscarcl@infomed.sld.cu